Opinión Deia. Luis Carlos Errandonea, Irun.
A la señora D ª María Silvestre, directora de Emakunde: “La discriminación sobra en los alardes”, dijo usted. Buscaron ustedes la imposición de muchas formas, utilizando como última fórmula, la judicial, y como también con ésta han perdido, ahora hablan de que las mismas mujeres admiten y fomentan su propia discriminación. La mejor forma de igualdad, Sra. Silvestre, directora de Emakunde, es el respeto a los demás, no la imposición, que es lo que usted pretende hacer.
“En aras al respeto de la tradición en Hondarribia e Irun no se debe tolerar la discriminación”, dijo usted, Sra. Silvestre. Decir que en los Alardes de Irun y Hondarribia hay discriminación, es acusar a dos pueblos, y en este caso, especialmente a sus mujeres, de discriminadoras. Siendo una falta de respeto supina, es al mismo tiempo, falta de igualdad, que es lo que usted predica. Usted da por supuesto la discriminación a las mujeres en los Alardes de Irun y Hondarribia. El llegar a conocer la idiosincrasia de un pueblo, Sra. Silvestre, está dificultado por el hecho de no pertenecer al mismo. Usted no es ni de Irun ni de Hondarribia. Pero esto, así como para unos no supone una absoluta dificultad, es decir, para aquellos que quieren integrarse y se integran en el pueblo y respetan las costumbres, para otros es totalmente imposible, sobre todo, para quienes sentados en los sillones de sus despachos se dedican a pontificar.

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