Jul 01 2017

Irun renovó la promesa a San Marcial bajo la lluvia

Cantineras, mandos y cientos de personas subieron al monte, donde se vivieron los momentos más solemnes de la jornada

Aunque a cubierto, los trikitilaris no dejaron de animar el ambiente en el monte. / FOTOS: DE LA HERAJoana Ochoteco. DV. IRUN. Tras el Alarde de la mañana hay dos alternativas: hacer un alto y reponer fuerzas, o seguir caminando. Los cientos de personas que escogen la segunda opción tienen claro el rumbo: hacia el monte San Marcial, y ayer dio igual que los nubarrones de media mañana no presagiasen nada bueno. Bien hasta los autobuses o paradas de taxi, bien hacia las motos o hasta la misma peña Aldabe, paso a paso, se llegó al corazón de la fiesta. Cientos de irundarras no se detuvieron porque «la renovación del voto es ‘el momento’», definía el comandante, Asier Etxepare. «Renovar el voto a San Marcial, dar las gracias en el monte Aldabe… Es muy especial y se te encoge el estómago», aseguraba.

Paso a paso, los irundarras llegaron a la meta de la ermita de San Marcial. Y entonces sí, se hizo indispensable un alto, previos últimos pasos hasta la txosna porque con algo con lo que remojar la garganta y otro algo con lo que llenar el estómago, entonces sí que sí, llega el momento de hacer unos minutos de descanso. La hierba del monte, que en otras ocasiones había servido de cómoda hamaca a más de uno, ayer no estaba precisamente para tumbarse. No pasó nada: allí estaban los trikitilaris para poner en marcha a los pies que, aún con las alpargatas húmedas, se marcaron algunos pasos de baile.

Muchos descansaron guardando su sitio en torno al camino que conduce hasta la misma ermita, para así poder ver en primera fila el pequeño desfile conocido como ‘Alardillo’. Cantineras, mandos y miembros de las distintas compañías comenzaron a desfilar en el preciso instante en que los peores presagios se cumplían, climatológicamente hablando, y empezaba a llover. Pero como si no hubiera sido así: vista al frente o hacia los irundarras que aplaudían, sonrisas a ambos lados y abanicos en movimiento, la comitiva desfiló hasta el entorno de la ermita.

Y al llegar al tablado instalado frente a la ermita ya no fueron los pies los que caminaron, sino que lo hicieron los corazones. «Hoy, finalizado el Alarde de la mañana, nos reunimos para renovar el compromiso adquirido por nuestros mayores. Agradecemos a San Marcial los bienes recibidos y pedimos su ayuda y protección para nuestra ciudad y para todos sus habitantes», se anunció a los asistentes. Es indiscutible que cualquiera de los que allí estuvieron, cantineras, mandos, soldados o público, hubiera firmado por que no lloviera en aquel instante. Pero hubo una gran belleza en ese momento; en ver a todos concentrados en la renovación del voto, elegantes y sin perder la compostura mientras los nubarrones se deshacían en lluvia. Las cantineras, una a una, depositaron sus ramos en el centro del tablado durante la ofrenda floral, donde hubo más lágrimas de emoción que gotas de lluvia y, en pleno verano, los alientos se condensaron. Los banderines y mandos no se movieron ni un milímetro mientras el aguacero tornaba sus boinas rojas en color escarlata, mientras el negro de las chaquetas se hacía cada vez más brillante y las gotas se deslizaban por el filo de los sables. Todos hubiéramos preferido un tiempo mejor, sí. Pero, tal como fue ayer, fue precioso. Fue una prueba del compromiso del pueblo de Irun. Porque el voto se renueva así llueva, truene o granice. La promesa hecha a San Marcial hace casi 500 años no es negociable.

«Esta peña de Aldabe ha sido testigo de diferentes conflictos a lo largo de los siglos. Aquí se mantienen las huellas que nos recuerdan la crudeza de aquellos hechos, consecuencia de la sinrazón y del ansia de poder de la humanidad», se recordó durante el acto. Pero, para quienes hoy en día disfrutan de ese momento, el lugar esta cargado de significados más entrañables: «alegres romerías, días vividos con familia y amigos y compartidos como ciudad».

Paso a paso, y bajo el acompañamiento musical del ‘Alkate soinua’, llegó hasta los pies de la ermita la Corporación municipal, con el edil Mikel Maestro portando la bandera. El alcalde proclamó los consabidos ‘Gora Irun, gora San Marcial!’, que fueron secundados por los cientos de asistentes. A continuación, el acto se dio por concluido.

Y así, esos cientos de pies vestidos de blanco, rojo y negro, pies húmedos que en muchos casos sufrían ya alguna rozadura o ampolla, no se detuvieron y siguieron disfrutando de la jornada. Una tirita cedida por algún ciudadano previsor y las ganas de fiesta fueron suficientes para seguir adelante… Porque paso a paso se había llegado al ecuador del 30 de junio, pero había que seguir exprimiéndolo. A partir de ahí, con el voto cumplido, los pasos se volvieron más festivos pero sin perder de vista que, dentro de 364 días, deberán caminar de nuevo hacia la renovación de la promesa del pueblo de Irun a San Marcial.